ORIGEN Y PECULIARIDADES DE LA ARCHICOFRADÍA DEL PILAR

El pasado 2 de
enero, día de la conmemoración de la
Venida de la
Virgen del Pilar en carne mortal a Zaragoza, tuvo lugar una
peregrinación de la
Archicofradía del Pilar al convento de San Francisco para
ganar Indulgencia Plenaria concedida por S.S. el Papa Francisco, con motivo del
Año Santo de la
Misericordia y del 450º Aniversario Fundacional de la Cofradía del Santísimo
Cristo de la Vera-Cruz
y Nuestra Señora de la
Soledad. Fue un acto que tuvo mucho que ver con los orígenes
de la Archicofradía. La
composición de la procesión estaba inspirada en aquellos Rosarios públicos con
los que comenzó la Compañía Espiritual,
en el siglo XVIII, llevando incluso una reliquia de aquellos tiempos como es la
pintura de la Aparición
de la Virgen
del Pilar a Santiago, obra que forma parte actualmente del banderín fundacional
pero que con toda probabilidad formaría parte del Simpecado que salía cada
tarde, al caer el sol, por las calles de Cádiz presidiendo el rezo del rosario.
Las corporaciones creadas con el nombre de Rosarios públicos tenían como
principal objetivo el rezo del santo rosario, saliendo con ese fin a la calle
al atardecer, en procesión, llevando cera y faroles tras la cruz y presidiendo
el cortejo un guión o estandarte de la Virgen.
En la
configuración de la estética externa de estos Rosarios públicos tuvo una vital
importancia la inclusión del Simpecado, insignia que singularizaba cada
comitiva reproduciendo en su lienzo central la imagen titular de la
congregación.
Junto al Rosario diario, había ocasiones a lo
largo del año en que la procesión adquiría un carácter extraordinario. Así las
Compañías Espirituales solían tener un Simpecado de gala.
La Archicofradía del
Pilar tuvo también un Simpecado de estas características, lamentablemente
perdido, pero del que nos podemos hacer una idea gracias a la referencia
encontrada en el archivo histórico que lo describe con una imagen de bulto de
la Virgen del Pilar colocada
en el centro, con el cuerpo de nácar y el pilar de carey, siendo de oro la
corona de
la Virgen
y las potencias del Niño.
Junto con el
Simpecado, pronto se incluye la cruz como insignia que precede a la comitiva.
De la misma forma, el pasado 2 de enero, abría la procesión
la Cruz parroquial contando a
sus lados con dos ciriales, recordando aquellos faroles de gran tamaño que
iluminaban el Rosario. La cruz que llevaba
la Archicofradía en el
siglo XVIII, de ébano y láminas de plata, se encuentra en su capilla, en el
retablo de la izquierda.
Otro apartado
importante que pudimos ver en la procesión fue la presencia de niños. Los
Rosarios de niños y jóvenes fueron importantísimos en el siglo XVIII ya que, a
imitación de los mayores, erigieron cortejos que dieron lugar a congregaciones
y hermandades que han perdurado en el tiempo.
Este
es el caso de
la
Archicofradía del Pilar. A principios del mes de octubre de
1730, Félix Valdivieso, feligrés que vivía en una casa contigua a la entonces
parroquia auxiliar de San Lorenzo, solicitó permiso y consentimiento al cura
asignado a dicha parroquia para que, en la noche víspera de la festividad del
Pilar, saliese de la iglesia un rosario bajo la advocación de Nuestra Señora
del Pilar, compuesto por muchachos. Ya habían salido anteriormente de la casa
de Valdivieso, quien también participaba junto con algunas amistades, pero
deseaban poder establecerse en la iglesia para asegurar y extender el culto a
la Virgen del Pilar. Aprovechando
la proximidad de la festividad del Pilar, obtuvieron la gracia solicitada quedando
establecidos desde el 12 de octubre de 1730, saliendo desde entonces de la parroquia
de San Lorenzo.
Los niños en la
procesión de este año salieron vestidos de Infanticos. Así son llamados los
niños que, en Zaragoza, están al servicio de
la Seo y el Pilar atendiendo al culto en el coro y
en el altar. El origen de estos Infanticos se remonta al siglo XVII, incluso
podría ser anterior. Entre otros menesteres, pasan a los niños y niñas de hasta
10 años por la imagen de
la
Virgen y acercan a su manto los objetos que llevan los
fieles.
En
este caso, una de las niñas llevó al convento de San Francisco un centro de
cinco rosas, en alusión a las cinco llagas, distintivo de
la Orden franciscana, que
entregó a Fray Francisco M. González Ferrera, O.F.M.
Una labor
encomiable de
la
Archicofradía ha sido siempre la asistencia a cofrades
enfermos, acudiendo a su domicilio para visitarle y darle ánimos. En este caso
tenía mucha importancia la capilla portátil o domiciliaria con la imagen de
la Virgen del Pilar o Divina
Enfermera. En el archivo histórico consta, en 1924, el ofrecimiento de un
hermano a costear una capilla portátil con la imagen de
la Virgen. Meses
después se refleja el obsequio de una capilla portátil de caoba labrada.
La
Divina Enfermera suele ser una Virgen pequeñita, de similares características a
la que fue llevada en procesión por el Rvdo. P. Fray Juan Franco Pérez, O.P. Ya
en la capilla de
la
Vera-Cruz, fue depositada en la mesa de altar del retablo
donde se encuentra Nuestra Señora de
la Soledad.

Antes de
llegar, en las proximidades del convento franciscano, la procesión se vio sorprendida
por la aparición de la lluvia. Esto es algo que ocurriría a menudo en los
Rosarios públicos del siglo XVIII, ya que salían diariamente. Fue precisamente
en una de esas ocasiones, en el año 1763 —dato que ya hemos reflejado en una
entrada anterior— cuando por causa de la lluvia la Archicofradía tuvo
que refugiarse en el convento de las Descalzas, quedándose el simpecado en la
iglesia hasta pasados unos días que se regresó de nuevo a San Lorenzo.
Visto todo lo
anterior, se puede decir que el pasado 2 de enero se revivió el espíritu de la primitiva
Compañía Espiritual, origen de la Archicofradía del Pilar, que durante el siglo
XVIII y parte del XIX salía a las calles rezando y portando la imagen de su
titular, la Virgen
del Pilar.
José María Collantes
González
Página web Basílica del Pilar [En línea] Disponible
en: http://www.basilicadelpilar.es/infantes.htm [Consulta: enero 2016]